Un grupo de periodistas que cubren las actividades del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas espera una sesión informativa en la zona reservada a los medios de comunicación. Foto | ONU/Mark Garten

Comisión Nacional de los Derechos Humanos

En el marco del Día Internacional del Periodista, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) advierte que es indispensable sumar esfuerzos del Estado para avanzar hacia políticas públicas capaces de modificar las condiciones que producen la violencia en contra de periodistas, fortalecer las instituciones encargadas de investigar y hacer justicia y garantizar que ninguna persona tenga que elegir entre ejercer su derecho a informar y preservar su vida, integridad o libertad.

La obligación del Estado no se puede reducir al establecimiento de mecanismos de protección por parte del gobierno; se debe asegurar, además, la participación social más amplia y la corresponsabilidad de todos los actores en los tres niveles de gobierno, las organizaciones sociales y, desde luego, del sector de la comunicación, para garantizar el ejercicio de la libertad de expresión, identificar oportunamente los factores que lo ponen en riesgo y atender las causas reales que generan la violencia que en algunos casos prevalece.

Para la CNDH, la conmemoración del Día Internacional del Periodista es una fecha que permite reconocer la importancia del ejercicio periodístico para la vida democrática del país y, al mismo tiempo, reflexionar sobre las condiciones en las que personas periodistas y comunicadoras desarrollan su labor.

El periodismo libre, independiente y comprometido con la sociedad constituye una herramienta indispensable para enfrentar la desinformación, la censura, la manipulación y los intentos por silenciar aquellas verdades que resultan incómodas para los poderes públicos, económicos, privados y fácticos.

El periodismo crítico y de investigación ha contribuido históricamente de manera decisiva a que la verdad pueda abrirse paso, incluso, en los momentos más oscuros. Su ejercicio permite documentar hechos que se quisiera ocultar, cuestionar decisiones arbitrarias, visibilizar abusos y construir memoria colectiva. Por ello, informar no constituye únicamente una actividad profesional, es una función de profundo interés público, y una condición indispensable para que las sociedades puedan deliberar, participar y tomar decisiones de manera libre.

En el pasado, el ejercicio periodístico en México ha enfrentado censura, persecución, amenazas, agresiones y distintas formas de control desde el poder. La historia del periodismo libre ha sido construida por mujeres y hombres que asumieron el riesgo de informar aún frente a la intolerancia y la represión. Figuras como Francisco Zarco, Ignacio Ramírez, Ricardo Flores Magón, Daniel Cabrera, y más recientemente Jorge Piñó Sandoval, Manuel Buendía y José Gutiérrez Vivó, entre muchos otros, forman parte de esa tradición de periodistas “de combate”, que entendieron que su labor era abrirle paso a la verdad como una forma de luchar contra la injusticia y la opresión.

Precisamente por eso, el México actual no puede ser explicado a partir de los esquemas tradicionales de censura y persecución. Paralelamente al periodismo comprometido con la sociedad, históricamente también se desarrollaron estructuras de censura y autocensura, vinculadas al poder político y económico, que hicieron de los medios de comunicación un instrumento más de control y manipulación de la verdad al servicio del estatus quo, personajes como José García Valseca o Jacobo Zabludovsky, sólo como ejemplo, capaces de construir narrativas favorables a determinados intereses, invisibilizar conflictos y desorientar la opinión pública, todo con tal de complacer al poder.

La historia de los medios en nuestro país muestra, así, una lucha permanente por la reivindicación de la verdad: desde una prensa que durante siglos estuvo al servicio de sectores privilegiados, vilipendiando e invisibilizando al pueblo, hasta el advenimiento de la radio y la TV a la sombra de políticos como Miguel Alemán, y su expansión durante el siglo XXI, gracias al  internet, las redes sociales, las plataformas digitales y, actualmente, la Inteligencia Artificial, que si bien han ampliado las posibilidades de la información y la comunicación, también han generado nuevas formas de manipulación y de control, pero sobre todo de desinformación y hasta de perversión del ejercicio de la libertad de expresión, en detrimento de la calidad de nuestra incipiente democracia.

Por ello, proteger el periodismo es, también y sobre todo, proteger y garantizar el derecho a la información, que es más que proteger a quienes ejercen una profesión, proteger un derecho colectivo, que se llama así porque es de toda la sociedad: el derecho a la verdad.

El derecho a la verdad, es decir el derecho a tener acceso a información veraz y a la vez, cuando esta no lo es, el derecho a la réplica posee una dimensión individual y una dimensión colectiva. Para las personas, pero también para la sociedad en su conjunto. Porque es, simplemente, el derecho a saber lo que pasa, por quienes pasa y a quienes beneficia o perjudica, de manera que la información sea, además, vehículo para la toma de conciencia, fundamental para participar y tomar decisiones, y así fortalecer las instituciones democráticas.

Por eso hemos dicho, y es bueno reiterarlo, que defender la libertad de expresión y los derechos de las audiencias es parte de lo mismo: proteger a quién informa para que pueda hacerlo sin miedo, no se contradice con la protección también, a quien tiene derecho a recibir información con la certeza de que no es engañado ni manipulado.

La lucha de los Flores Magón en los tiempos de la dictadura era esa, visibilizar la verdad que el gobierno porfirista ocultaba al pueblo. No era crear “verdades” con mentiras, no era calumniar ni golpear al dictador para desposeerlo por mero afán faccioso.

En este sentido, ese tipo de periodismo cumple una función insustituible en la construcción social de la democracia. No sustituye las obligaciones de las instituciones encargadas de investigar, procurar justicia o garantizar derechos, pero sí contribuye a documentar los acontecimientos, abrir debates públicos y evitar que el silencio, la opacidad, las verdades “únicas” o la manipulación, sean utilizados para ocultar hechos de relevancia social.

En los últimos 8 años, México ha experimentado una transformación sustantiva en la vida pública, así como avances en materia de libertad de expresión y democracia. A diferencia de otros tiempos, hoy, desde el gobierno federal no se ordena reprimir, perseguir, encarcelar o ejecutar periodistas. Tampoco se les corre o se les cierran sus fuentes de trabajo. Estos son hechos que son comprobables y medibles. Y deben reconocerse. Para saber cuáles son los retos que persisten y tenemos el deber de resolver.

Desde luego no estamos en el mundo ideal. Pero los contextos es importante conocerlos, para mejorarlos o, en su caso, para cambiarlos cuando es preciso. Y hoy se tiene una deuda, desde luego, en cuanto a la investigación y resolución de los casos de violencia que se presentan aún, fundamentalmente en los ámbitos locales, en donde persisten actores de poderes estatales y municipales, pero sobre todo delincuenciales con frecuencia coludidos con autoridades y con policías, interesados en silenciar información que afecta sus intereses.

El decir que el escenario actual es distinto y que por lo mismo exige una lectura igualmente distinta, no debe implicar minimizar los riesgos que aún enfrentan periodistas y comunicadores en distintas regiones del país, así como las omisiones, deficiencias institucionales o actuaciones irresponsables que deben ser investigadas y, cuando corresponda, sancionadas.

Ante ello, en el Día Internacional del Periodista, la CNDH reconoce a quienes ejercen esta labor desde distintas plataformas y maneras de comunicación: periodistas independientes, reporteras y reporteros, comunicadores, medios alternativos, periodistas comunitarios, fotógrafos, camarógrafos y quienes utilizan las nuevas tecnologías para generar y difundir información de interés público.

Reconoce, particularmente, a quienes sostienen el sentido de responsabilidad social de esta profesión y entienden el periodismo como una herramienta para conocer la realidad, para cuestionarla cuando no nos satisface, y para contribuir a transformarla para mejorarla.

Ese es el periodismo, entendido como servicio público, el que adquiere su mejor sentido cuando es capaz de poner la información al servicio de la sociedad, de la justicia, de la igualdad y de la dignidad humana; cuando contribuye a combatir la corrupción y la impunidad, y cuando se niega a convertir el silencio en una forma de complicidad.

Defender el periodismo libre y comprometido es, en última instancia, defender la posibilidad de que una sociedad conozca su propia realidad y tenga las herramientas para transformarla, por lo cual desde el inicio de la presente gestión, este organismo ha fortalecido su Programa de Agravios a Periodistas y Defensores Civiles de Derechos Humanos, desde el cual brinda atención, asesoría y acompañamiento las 24 horas del día, los 365 días del año a quienes ejercen la noble e importante profesión de informar a la sociedad. 

© La Crítica. Información clara, análisis puntual y las historias que marcan la agenda de México.

Por Cristóbal López

Premio Nacional de Periodismo y Divulgación Científica. Periodista con tres décadas de experiencia editorial. Cronista de la Ciudad de México.Especialista en comunicación estratégica con experiencia en relaciones públicas, dirección editorial, gestión institucional y atención a medios.Líder de iniciativas que consolidan la imagen y reputación de instituciones, organizaciones y proyectos culturales, posicionándolos como referentes ante la opinión pública.

Deja un comentario