El Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero anticipó el 28 de septiembre de 2026, en la Ciudad de México, una moderación del ritmo de expansión de la economía mexicana durante el tercer trimestre, después del repunte observado entre abril y junio; al mismo tiempo, sostuvo que el sistema financiero nacional mantiene una posición sólida, con niveles agregados de capitalización y liquidez por encima de los mínimos regulatorios.La advertencia no equivale a anunciar una recesión ni una crisis bancaria. El mensaje del Consejo apunta a que la actividad perderá velocidad frente al trimestre previo, mientras las instituciones financieras tendrían capacidad para enfrentar un deterioro adicional de las condiciones económicas y financieras. Esa distinción es central: el riesgo inmediato señalado está en el crecimiento, la inversión y el entorno internacional, no en una falta generalizada de solvencia bancaria.En breveEl CESF prevé una expansión más lenta de la economía mexicana en el tercer trimestre de 2026, tras el repunte del segundo.El entorno externo combina volatilidad, condiciones financieras globales más restrictivas y riesgos geopolíticos y comerciales.La banca comercial conserva, en conjunto, niveles de capital y liquidez superiores a los requerimientos mínimos.Una moderación no borra el repunte previoEn lenguaje económico, moderar el crecimiento significa avanzar a una tasa menor, no necesariamente dejar de crecer. Si una economía pasa de un trimestre con mayor dinamismo a otro con una expansión más tenue, la comparación correcta es el ritmo de cambio, no sólo si el dato permanece en terreno positivo.El antecedente inmediato fue la recuperación del segundo trimestre. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que, entre abril y junio de 2026, la oferta y la demanda globales aumentaron 1.7 por ciento a tasa trimestral y en términos reales. Ese dato describe una mejora respecto del arranque del año, pero no garantiza que todos los componentes de la economía hayan recuperado fuerza al mismo tiempo.La composición importa. El repunte puede reflejar el comportamiento de algunos sectores, mientras otros permanecen débiles o enfrentan límites para sostener su expansión. Por eso, una desaceleración posterior puede ser una normalización después de un rebote, pero también una señal de que la recuperación todavía no tiene bases suficientemente amplias.Además, al 30 de septiembre todavía no existe una medición oficial completa del PIB del tercer trimestre. El diagnóstico del CESF es, por tanto, una lectura de la información disponible y de los riesgos hacia delante, no el resultado definitivo de las cuentas nacionales. El dato trimestral de INEGI será publicado posteriormente, de acuerdo con el calendario estadístico del instituto.Los datos disponibles muestran una economía desigualEl propio historial reciente ayuda a matizar el optimismo. En el primer trimestre de 2026, el PIB creció apenas 0.2 por ciento a tasa trimestral, con cifras desestacionalizadas, según INEGI. En esa medición, las actividades secundarias retrocedieron 1.2 por ciento y las terciarias avanzaron 1.0 por ciento. El contraste revela una economía en la que los servicios ofrecieron soporte, mientras la industria enfrentó mayores dificultades.La información sectorial también sugiere que no basta con hablar de una recuperación general. En el primer trimestre, la manufactura cayó 2.0 por ciento anual y la construcción disminuyó 0.7 por ciento anual, mientras el comercio al por mayor registró un aumento anual de 1.9 por ciento y el comercio al por menor avanzó 0.8 por ciento. Estas diferencias son relevantes porque una expansión apoyada principalmente en ciertos servicios o en el consumo puede tener una capacidad distinta para generar inversión, empleos formales y demanda de crédito productivo.El dato de oferta y demanda global del segundo trimestre aporta otro elemento: la economía recuperó tracción, pero la inversión fija sigue siendo un indicador que merece vigilancia. En el primer trimestre, la formación bruta de capital fijo presentó una caída anual de 3.5 por ciento, de acuerdo con INEGI. Si la inversión no acompaña el repunte, el crecimiento puede ser más vulnerable a un cambio en el consumo, a una menor demanda externa o a un aumento en el costo del financiamiento.La lectura crítica, entonces, no es que el Consejo haya confirmado una crisis, sino que la recuperación parece tener una base irregular. El tercer trimestre será importante para saber si el repunte del segundo trimestre se tradujo en una mejora más extendida o si fue un episodio acotado que perdió fuerza ante las restricciones externas.El frente externo vuelve más difícil sostener el dinamismoEl CESF señaló que las condiciones financieras globales se restringieron marginalmente desde su sesión anterior y que los mercados continúan registrando episodios de volatilidad, con alta sensibilidad a la evolución de los conflictos geopolíticos. También identificó riesgos asociados con tensiones comerciales, cambios inesperados en la política monetaria de las principales economías y posibles correcciones en la valuación de activos financieros.Estos factores pueden afectar a México por varias vías. Una mayor aversión global al riesgo puede elevar el costo de financiamiento para gobiernos y empresas, presionar las tasas de interés y reducir el apetito por inversiones en mercados emergentes. Al mismo tiempo, una menor expansión mundial puede debilitar las exportaciones mexicanas y la actividad manufacturera vinculada a cadenas internacionales.El comunicado del Consejo también reportó movimientos relevantes en los mercados nacionales: el peso acumuló una depreciación superior a 5 por ciento durante el periodo considerado, después de haberse apreciado más de 3 por ciento a principios de septiembre; además, las tasas de los valores gubernamentales aumentaron en todos sus plazos y los principales índices bursátiles registraron pérdidas de alrededor de 2.5 por ciento. No se trata, por sí solo, de un desorden financiero, pero sí de señales de que el entorno puede encarecer y complicar las decisiones de inversión.Solidez bancaria no significa ausencia de riesgosEl segundo mensaje del CESF fue tranquilizador, aunque debe leerse con precisión. El Consejo afirmó que la banca comercial mantiene índices de capitalización y liquidez que superan holgadamente los mínimos regulatorios. El Banco de México había llegado a una conclusión similar en su Reporte de Estabilidad Financiera de junio de 2026: las pruebas de estrés mostraron niveles adecuados de capital y liquidez para enfrentar escenarios adversos severos.Esto significa que, a nivel agregado, los bancos cuentan con colchones para absorber pérdidas no esperadas y atender necesidades de liquidez. No significa que todos los intermediarios, sectores o acreditados estén protegidos de la desaceleración. Una economía con menor crecimiento puede elevar la presión sobre empresas endeudadas, hogares con créditos variables y sectores sensibles a las tasas, al tipo de cambio o a la demanda externa.También existe una diferencia entre solvencia y dinamismo. Un banco puede estar bien capitalizado y, aun así, restringir el crédito si percibe mayor riesgo en sus clientes. Esa conducta protegería sus balances, pero podría profundizar la debilidad de la inversión y del consumo. Por ello, el indicador que habrá que seguir no es únicamente el capital bancario, sino también la evolución de la cartera vencida, la colocación de crédito, las tasas efectivas y la capacidad de pago de empresas y familias.Qué debería vigilarse durante los próximos mesesLa moderación prevista por el CESF será menos preocupante si se traduce en un crecimiento todavía positivo, acompañado de una recuperación gradual de la inversión y sin un deterioro significativo del empleo y del crédito. El escenario sería más delicado si la menor velocidad se combina con inflación persistente, tasas elevadas, debilidad industrial y nuevos episodios de volatilidad internacional.Para la política económica, el reto es evitar dos errores opuestos. El primero sería presentar cualquier desaceleración como una crisis financiera, ignorando la fortaleza agregada de la banca. El segundo sería usar la solidez bancaria como prueba de que la economía real está fuera de peligro. Las empresas pequeñas, los trabajadores y los hogares no experimentan la estabilidad del sistema mediante los indicadores de capitalización, sino a través de sus ingresos, ventas, empleos y posibilidades de obtener financiamiento.El mensaje del Consejo puede resumirse así: México tiene defensas financieras para absorber un choque, pero eso no garantiza que el crecimiento mantenga el impulso del segundo trimestre. La prueba será si esas defensas permiten que la banca continúe financiando la actividad sin que el deterioro externo termine trasladándose a la economía cotidiana.Fuentes consultadasConsejo de Estabilidad del Sistema Financiero, comunicado del 29 de septiembre de 2026.INEGI, Oferta y Demanda Global Trimestral, segundo trimestre de 2026.INEGI, Producto Interno Bruto Trimestral, cifras del primer trimestre de 2026.Banco de México, Reporte de Estabilidad Financiera, junio de 2026. 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