Claudia Sheinbaum y Donald Trump sostuvieron el 17 de septiembre de 2026 una llamada telefónica que ambos gobiernos describieron como constructiva, con comercio, seguridad e inversiones entre los asuntos tratados. La conversación ocurrió antes de una nueva ronda bilateral de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prevista para la semana del 21 de septiembre, en la que los aranceles estadounidenses a automóviles, acero y aluminio volverán a estar sobre la mesa.El dato relevante no es sólo el tono de la conversación, sino lo que todavía no produjo: no se anunció un acuerdo específico, una reducción arancelaria ni una modificación formal de las reglas del tratado. La llamada reabrió el canal político, pero la negociación comercial seguirá dependiendo de los equipos técnicos y de decisiones que Washington ha mantenido separadas del marco jurídico del T-MEC.En breveSheinbaum y Trump hablaron el 17 de septiembre sobre comercio, seguridad e inversiones.La próxima ronda bilateral del T-MEC está prevista para la semana del 21 de septiembre.Los aranceles a autos, autopartes, acero y aluminio no deben confundirse automáticamente con la revisión del tratado: varias medidas se aplican bajo instrumentos estadounidenses externos al acuerdo.Una llamada política antes de una negociación técnicaLa conversación entre los presidentes funciona como una señal de que la relación comercial sigue abierta, pero también confirma el método que ha dominado el vínculo bilateral: la negociación avanza mediante llamadas de alto nivel, anuncios parciales y mesas técnicas que intentan traducir compromisos políticos en reglas operativas.En el caso mexicano, la prioridad es evitar que la revisión del T-MEC se convierta en una renegociación condicionada por amenazas arancelarias. El gobierno de Sheinbaum ha insistido en preservar el tratado como el marco principal de la relación económica, mientras busca que Estados Unidos reconozca la integración productiva de América del Norte y el costo que tienen los gravámenes sobre cadenas compartidas.El gobierno estadounidense, por su parte, ha presentado la revisión como una oportunidad para discutir reglas de origen, seguridad económica, trabajo, agricultura, facilitación aduanera y la posible participación de proveedores externos en las cadenas regionales. En la tercera ronda bilateral anunciada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos también aparecieron de manera expresa el acero, el aluminio, sus derivados y los automóviles.La diferencia que puede cambiar el resultadoLa revisión del T-MEC y los aranceles sectoriales están relacionados, pero no son el mismo expediente.El T-MEC establece preferencias comerciales, reglas de origen, procedimientos aduaneros, disciplinas laborales, mecanismos de solución de controversias y compromisos para facilitar el intercambio entre México, Estados Unidos y Canadá. Una modificación de esos compromisos tendría que procesarse dentro de la arquitectura del acuerdo y, dependiendo de su alcance, requeriría aprobaciones o procedimientos internos en los tres países.Los aranceles aplicados por Estados Unidos bajo la llamada Sección 232, en cambio, se justifican mediante una legislación estadounidense que permite imponer medidas por razones de seguridad nacional. Las proclamaciones estadounidenses sobre automóviles, autopartes, acero y aluminio han establecido gravámenes adicionales que no desaparecen simplemente porque un producto cumpla con las reglas de origen del T-MEC.Esta separación jurídica es central para la discusión mexicana. Un vehículo puede cumplir con los requisitos regionales del tratado y, aun así, enfrentar una medida sectorial estadounidense. Lo mismo puede ocurrir con productos siderúrgicos o de aluminio, cuya entrada depende de criterios como el origen del metal, el contenido regional y las condiciones específicas definidas por Washington.Por eso, una eventual mejora en la revisión del T-MEC no equivaldría automáticamente a la eliminación de todos los aranceles. Para México, el objetivo inmediato es que los compromisos de integración regional se traduzcan en excepciones, cuotas, descuentos o reglas más previsibles para los sectores afectados.Automotriz: el problema no termina en la planta ensambladoraLa industria automotriz es el caso más visible porque México no exporta únicamente vehículos terminados. También envía motores, transmisiones, sistemas eléctricos, componentes metálicos, arneses, interiores y miles de piezas que cruzan la frontera varias veces antes de llegar al consumidor final.Un arancel sobre el vehículo terminado puede reducir el margen de las armadoras, pero un gravamen sobre autopartes eleva el costo de toda la cadena. El impacto puede trasladarse a proveedores mexicanos, plantas estadounidenses, distribuidores y compradores finales. También puede alterar decisiones de inversión: las empresas podrían retrasar ampliaciones, modificar proveedores o duplicar inventarios para reducir la exposición a cambios repentinos.La discusión sobre reglas de origen añade otra presión. Washington busca impedir que insumos provenientes de países externos se incorporen a productos que después reciben trato preferencial en América del Norte. México necesita responder a esa preocupación sin aceptar reglas tan rígidas que encarezcan la producción regional o vuelvan menos competitivas a las plantas instaladas en el país.Acero y aluminio: una disputa sobre origen y capacidad industrialEn siderurgia y aluminio, la discusión no se limita al monto del arancel. Estados Unidos también ha presionado para controlar el origen del metal, evitar triangulaciones y responder a la sobrecapacidad mundial, especialmente cuando productos de terceros países son procesados o transformados en México antes de cruzar la frontera.Las medidas estadounidenses han incorporado criterios de fundición y vaciado, así como controles sobre productos derivados. Para las empresas mexicanas, esto implica mayores costos de trazabilidad, certificación y cumplimiento aduanero. Una pieza puede tener fabricación mexicana, pero enfrentar un tratamiento distinto si el acero o aluminio utilizado originalmente fue producido fuera de América del Norte.La siderurgia mexicana enfrenta así una doble tensión: conservar acceso al principal mercado de exportación y, al mismo tiempo, evitar que las reglas negociadas con Estados Unidos conviertan a México en un filtro contra productos asiáticos sin fortalecer realmente la producción nacional.Qué está confirmado y qué sigue siendo expectativaEstá confirmado que los presidentes hablaron de comercio, seguridad e inversiones; que la conversación ocurrió antes de una nueva ronda bilateral; y que automóviles, acero y aluminio forman parte de la agenda de negociación. También está documentado que los equipos de ambos países han discutido asuntos laborales, agrícolas, aduaneros, de seguridad económica y servicios digitales en las rondas previas.Lo que no está confirmado es un acuerdo para retirar o reducir los aranceles sectoriales, una nueva regla de origen para automóviles, una fórmula definitiva para el acero y aluminio o un compromiso estadounidense de no imponer nuevas medidas. Tampoco puede darse por hecho que una llamada cordial implique que Canadá quede fuera de las decisiones estructurales del T-MEC.La posibilidad de un entendimiento bilateral puede acelerar soluciones prácticas entre México y Estados Unidos, pero también abre una contradicción: el tratado es trilateral y cualquier cambio de fondo debe considerar a Canadá. Una salida negociada sólo entre los dos socios más grandes podría aliviar la presión inmediata, aunque dejaría pendientes los asuntos que requieren una revisión conjunta.El reto para México: negociar alivios sin perder capacidad productivaLa llamada ofrece a Sheinbaum una ventana política, pero no sustituye una estrategia industrial. México debe defender el acceso preferencial al mercado estadounidense, exigir reglas previsibles y demostrar que sus cadenas productivas generan valor regional, no sólo operaciones de ensamble.La prioridad para los sectores expuestos será obtener tratamientos diferenciados que reconozcan la integración norteamericana. En automóviles y autopartes, eso implica proteger las cadenas compartidas y evitar que el contenido no estadounidense termine penalizando a plantas que sí cumplen con los requisitos regionales. En acero y aluminio, significa negociar criterios de origen aplicables y verificables, con plazos que permitan a las empresas adaptarse.El resultado de la próxima ronda mostrará si la llamada fue el inicio de una solución o apenas otra pausa en la escalada comercial. Para la economía mexicana, la diferencia será concreta: menor incertidumbre para invertir y producir, o nuevas decisiones empresariales tomadas bajo la posibilidad de que cualquier avance pueda quedar subordinado a una medida arancelaria externa al T-MEC.Fuentes consultadasEl País México, información sobre la llamada del 17 de septiembre de 2026 y la próxima ronda bilateral.El Economista, cobertura independiente sobre los temas abordados y las demandas del sector privado mexicano.Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, agenda de la tercera ronda bilateral de la revisión del USMCA.Federal Register de Estados Unidos, proclamación sobre aranceles a automóviles y autopartes bajo la Sección 232.Federal Register de Estados Unidos, proclamación sobre aranceles a acero y aluminio y sus derivados.Presidencia de México, declaraciones de Claudia Sheinbaum sobre la continuidad del T-MEC y la negociación de aranceles. 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