Documentos del presupuesto climático de México 2027 junto a infraestructura hídrica y vías ferroviariasEl proyecto presupuestario para 2027 reduce el Anexo 16, pero aumenta el peso del sector ambiental, especialmente en infraestructura hídrica.

El Gobierno de México propuso reducir de 212 mil 569.7 millones de pesos aprobados para 2026 a 160 mil 120.9 millones el presupuesto transversal asociado al cambio climático para 2027, de acuerdo con el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación entregado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público al Congreso el 8 de septiembre de 2026. La disminución, de 52 mil 448.8 millones de pesos, equivale a 24.7 por ciento y afecta al Anexo 16, que reúne recursos de distintas dependencias para acciones de adaptación y mitigación.

El dato central, sin embargo, no cuenta toda la historia. En el mismo proyecto, la participación del ramo Medio Ambiente y Recursos Naturales y sus organismos dentro de esa clasificación aumenta hasta alrededor de 49.5 mil millones de pesos. El contraste revela una recomposición: cae la bolsa total etiquetada como climática, pero el sector ambiental concentra una proporción mucho mayor, sobre todo en agua e infraestructura hídrica.

En breve

  • El Anexo 16 pasaría de 212 mil 569.7 millones aprobados en 2026 a 160 mil 120.9 millones propuestos para 2027.
  • La asignación vinculada con Semarnat ronda los 49.5 mil millones de pesos, con predominio de proyectos y servicios relacionados con agua.
  • El anexo también contabiliza infraestructura ferroviaria, Sembrando Vida y partidas de Pemex; por eso su total no debe leerse como gasto climático directo.

La reducción es real, pero la comparación exige cuidado

El Anexo 16 no es un programa único ni una partida administrada exclusivamente por Semarnat. Es una clasificación transversal en la que varias dependencias registran programas, componentes o acciones que consideran vinculados con la adaptación o la mitigación. Hacienda publica el desglose por ramo, programa y concepto de gasto, lo que permite observar quién etiqueta recursos y para qué finalidad.

La comparación con 2026 debe hacerse entre el presupuesto aprobado de ese año y el presupuesto propuesto para 2027. Bajo esa base, la caída nominal supera los 52 mil millones de pesos. En términos políticos, significa que el Gobierno federal pretende presentar una bolsa transversal menor justo cuando la administración cuenta con el Programa Especial de Cambio Climático 2026-2030, aprobado en junio, como hoja de ruta para convertir metas climáticas en acciones, indicadores y presupuesto.

El proyecto todavía debe ser discutido y aprobado por la Cámara de Diputados. Por ello, los montos pueden modificarse antes de convertirse en el Presupuesto de Egresos definitivo. Aun así, la propuesta ya permite identificar las prioridades que Hacienda y las dependencias están colocando sobre la mesa.

Semarnat gana peso, pero principalmente por el agua

El incremento del ramo ambiental no implica por sí mismo que se fortalezca toda la política climática. El análisis de las partidas muestra que una parte relevante de los recursos se relaciona con servicios de operación y suministro hídrico, gestión integral del agua, infraestructura de agua potable, alcantarillado y saneamiento, así como apoyo a infraestructura hidroagrícola.

En el sector ambiental, la Comisión Nacional del Agua concentra buena parte del gasto de inversión. El proyecto contempla acciones como tecnificación del riego, protección contra inundaciones, atención de emergencias, operación del Sistema Cutzamala y obras hidráulicas en distintas entidades. Estos rubros pueden contribuir a la adaptación frente a sequías, lluvias extremas y estrés hídrico, pero su impacto climático depende de cómo se diseñen, ejecuten y evalúen.

La diferencia es importante: construir una presa, una planta desaladora o una red de saneamiento puede reducir vulnerabilidades, pero no equivale automáticamente a conservar ecosistemas, restaurar cuencas o disminuir emisiones. También queda abierta la pregunta sobre cuánto del aumento llegará a tareas menos visibles y de largo plazo, como vigilancia ambiental, inspección, protección de áreas naturales, monitoreo meteorológico y fortalecimiento de capacidades técnicas.

La etiqueta climática incluye trenes, campo y petróleo

La composición del Anexo 16 explica por qué el monto agregado puede resultar engañoso. Para 2027, alrededor de 54 mil 358.4 millones de pesos se asocian con infraestructura ferroviaria y 40 mil 500 millones con Sembrando Vida, según el análisis de los documentos presupuestarios difundido por el Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe. También aparecen partidas de Petróleos Mexicanos vinculadas con producción, distribución y comercialización de hidrocarburos, así como infraestructura económica del sector.

El problema no es que un tren o un programa agrícola carezcan de cualquier relación posible con la adaptación o la mitigación. El punto es que la etiqueta transversal no demuestra por sí sola un resultado climático. Para sostener esa clasificación se necesita conocer el objetivo específico, los indicadores, la metodología utilizada y la evidencia de que el gasto reduce emisiones o disminuye la vulnerabilidad de la población y los ecosistemas.

La experiencia reciente muestra el riesgo de inflar la cifra mediante programas cuya finalidad principal es otra. El Observatorio de Presupuesto y Cambio Climático documenta que el salto del anexo a partir de 2023 estuvo relacionado con la incorporación de grandes proyectos de infraestructura, Sembrando Vida y programas energéticos. La tendencia obliga a separar tres conceptos: presupuesto ambiental directo, gasto con beneficios climáticos verificables y gasto que sólo aparece clasificado dentro del anexo.

El reto será medir resultados, no sólo asignaciones

Para la adaptación, el aumento de recursos hidráulicos puede ser relevante en un país expuesto a sequías, inundaciones, huracanes y desigualdad en el acceso al agua. Sin embargo, una política de resiliencia requiere priorizar comunidades vulnerables, proteger las fuentes de abastecimiento y evitar que la obra pública traslade riesgos a otras regiones.

En mitigación, el proyecto ofrece menos claridad. La inclusión de ferrocarriles puede justificarse si existe una sustitución comprobable de viajes o carga más intensivos en emisiones; Sembrando Vida requiere demostrar permanencia de la cobertura vegetal y evitar incentivos que favorezcan cambios de uso de suelo; y las partidas de Pemex plantean una contradicción evidente si se contabilizan como acción climática mientras sostienen infraestructura de hidrocarburos.

La discusión legislativa debería exigir trazabilidad por programa, metas físicas, indicadores de emisiones evitadas o vulnerabilidad reducida y reportes de avance. También tendría que distinguir inversión nueva de gasto operativo, así como revisar si el aumento para el ramo ambiental fortalece a las instituciones que inspeccionan, sancionan y conservan, no sólo a las que construyen infraestructura.

El presupuesto climático México 2027, por tanto, no puede resumirse en que el Gobierno recortó o aumentó el gasto ambiental. La propuesta reduce la bolsa transversal, cambia su composición y concentra más recursos ambientales en el agua. La pregunta decisiva será si esa reasignación produce protección efectiva frente a los impactos climáticos o si sólo mejora la apariencia contable de un anexo cuya metodología todavía permite mezclar objetivos muy distintos.

Fuentes consultadas

Por Editor

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